martes, 13 de noviembre de 2012

ESCUELA DEMOCRÁTICA: SUDBURY VALLEY
Historia:
Sudbury Valley School se creó en 1968 en Framingham (Massachusetts, EEUU) sobre la base de una confianza total en que el niño puede aprender por sí sólo todo aquello que realmente necesita aprender. Sus aproximadamente 200 alumnos de entre 5 y 18 años se enfrascan en actividades escogidas por ellos mismos sabiendo que la responsabilidad de su aprendizaje es suya y sólo suya. Pueden moverse libremente por la enorme casa, jardines y granero que constituyen el espacio de la escuela, cotillear y aprender de lo que están haciendo los demás, o pedir ayuda a un adulto cuando la necesitan. Las estancias se han ido acomodando a los intereses que surgían en grupos de alumnos: por ejemplo, donde en los 70 se curtía piel ahora hay un estudio de grabación y edición musical. Los más pequeños generalmente juegan al aire libre, usan el torno de barro, atrapan insectos o pescan en el lago; mientras los mayores leen, charlan, tocan instrumentos, hacen pastelitos para recaudar fondos para sus proyectos, usan Internet, se enseñan juegos o se preparan para el examen de entrada a tal o cual Universidad. 
 
Elegir lo que se aprende:

Los alumnos no sólo son responsables de su propio aprendizaje; también lo son del funcionamiento de la escuela. En esta pequeña pero compleja democracia, el órgano central es el School Meeting, una reunión semanal donde se decide prácticamente todo: en qué invertir el presupuesto, qué profesores se vuelven a contratar el año que viene, modificaciones al Libro de Leyes, etc. En esta reunión, moderada por un alumno, todos los miembros de la comunidad educativa tienen voz y voto: no importa si se trata de una niña de 5 años, un adolescente de 13 o un profesor de 55. Cuando hay funciones que superan al School Meeting, se eligen comisiones.
Entre dichas comisiones destaca el Judicial Comittee, que se encarga de investigar las infracciones y problemas de convivencia entre miembros (con el Libro de Leyes de la escuela a mano) y proponer sanciones. Está formado por 5 alumnos voluntarios, más un profesor que cambia cada día –de forma que los que realmente saben lo que se cuece son los alumnos– . Así, un alumno que haya estado comiendo en la biblioteca puede recibir la sanción de no poder entrar en ella durante dos semanas, por ejemplo. Lo que en otros centros llamaríamos “problemas de disciplina” de los adultos para con los niños se convierte en la eterna pregunta de dónde termina mi libertad y empieza la del otro; un dilema mucho más cercano a cómo funciona la vida en comunidad fuera de lo escolar. 
 
Decisiones en consenso:
Una escuela así, sin exámenes, sin notas, sin horarios ni materias ni currículum, difícilmente podría ser homologada o siquiera legal en la mayoría de países europeos (empezando por el nuestro). Sin embargo, las leyes del estado de Massachusetts delegan la competencia educativa al nivel municipal, y el ayuntamiento de la ciudad de Framingham en su día permitió que este experimento llevara el nombre de “Escuela” y otorgara un certificado de estudios homologado. Para graduarse, los alumnos deben escribir una tesis explicando qué han aprendido y por qué creen estar preparados para dejar la escuela, y defenderla ante un tribunal formado por profesores de otras escuelas que siguen el modelo Sudbury (actualmente, unas 40 en todo el mundo).
 
Aprender disfrutando:
Sin embargo, esta libertad no está exenta de contradicción. Se trata de una escuela privada, financiada únicamente a través de las cuotas de las familias y las donaciones de particulares. Por lo tanto, no es una escuela que toda persona pueda permitirse. Al ser preguntados por separado sobre este tema, la respuesta de los padres y los profesores fue la misma: “somos la escuela privada más barata de todo Massachusetts; si fuéramos del Estado no nos dejarían hacer lo que hacemos”. Una contradicción muy estadounidense, en que la libertad viene pareja con una cierta capacidad económica.
Durante mi visita, tuve la oportunidad de charlar largo rato con Daniel Greenberg, ex profesor de Harvard y uno de los fundadores de la escuela. Escuchó mi interés por las alternativas educativas, y me dijo: “Hay una cosa que diferencia sustancialmente una propuesta pedagógica alternativa de otra. Una cosa que o se tiene o no se tiene. O confías en las capacidades y el juicio del alumno, y por lo tanto le otorgas libertad y responsabilidad; o desconfías y por lo tanto lo haces todo en su lugar, decides qué tiene que aprender, cómo, cuándo, y cuánto lo ha conseguido. O empoderas, o desapoderas. Y confiar es muy, muy difícil. Sé que si ofreciéramos una hora al día de las asignaturas “básicas”, lengua y matemáticas, tendría el triple de alumnos. Pero entonces no tendría sentido; no estaría confiando en que todo eso, nuestros chavales ya lo acaban aprendiendo por sí solos.”
 
Sin segregación por edades
Un rato después, vi a Daniel Greenberg charlar con una niña de 5 años que le decía que llevaba tres tiritas: una en cada mano, y otra en el codo. Él le prestaba el mismo nivel de concentración y atención que me había prestado a mí para filosofar sesudamente sobre educación. Sencillamente, se tomaba en serio el tema de las tres tiritas; no se reía de la niña pensando “qué mona” ni “qué pesada” ni “qué cosas tiene”. La niña estaba tranquila, y en sus ojos podías ver que se sentía importante, que se sentía digna de atención por ser como era y vivir lo que estaba viviendo.
Viendo esta sencilla interacción, algo en mí lloró de rabia y de alegría. Rabia, por todas esas veces en que los adultos vertemos nuestra inconsciencia sobre los niños en relaciones limitadoras, sintiéndolos personas inferiores e incomprensibles que hay que moldear. Alegría, por ver este simple ejemplo de que somos capaces de hacer las cosas de otra manera. 

Admisiones:
 Sudbury Valley tiene una política de admisiones libre, aceptando a todos los solicitantes desde los cuatro años de edad, en el transcurso y pasando la edad de la escuela preparatoria, que tienen la capacidad de la plena participación en el programa de la escuela como miembros autodirigidos, autónomos de la comunidad escolar. La escuela no descrimina en base a raza, color de la piel, género u origen nacional o étnico. Una entrevista de admisión les da a los solicitantes y sus familias la oportunidad de aprender acerca de la escuela. Toda persona interesada en inscribirse debe primero que nada pasar una semana en la escuela como alumno visitante. La inscripción puede realizarse en cualquier momento en el transcurso del año escolar, mientras haya lugar, y es de un año de la fecha de ingreso. 

Graduación: 
La Escuela Sudbury Valley ofrece un diploma de preparatoria a alumnos que, a juicio de la comunidad escolar, han defendido adecuadamente la tésis de que han tomado responsabilidad para prepararse a ser adultos efectivos en la comunidad en general. Para iniciar los trámites de la graduación, un alumno debe haber asistido a la escuela por lo menos el numero de años mínimo que fija La Asamblea.
 
Graduados han ido a colegios y universidades en todo el país, y en el extranjero. La mayoría son admitidos a la escuela de su primera elección. Otros graduados han entrado directamente al mundo de los negocios, al comercio, a las artes, a las artesanías, y a las profesiones técnicas.

Ventajas:
-La posibilidad de que exista la solidaridad entre las personas y los pueblos.
-El derecho a ser tratad@s igual, con independencia del color, religión, ideología, sexo, género, clase social…etc.
-La libertad de decidir por nosotr@s mism@s la vida que queremos vivir.
-La justicia que posibilita un reparto equitativo de la riqueza.
-La tolerancia que nos capacita para la comprensión de las diversidades humanas.
-El respeto que nos debemos a nosotr@s mism@s y todos los seres humanos y a la naturaleza.
-La cooperación y la ayuda mutua que nos hace aunar esfuerzos para conseguir los ob-jetivos que nos proponemos.
-El diálogo razonado que nos ayuda a resolver nuestros conflictos interpersonales y grupales de forma no violenta.
-El amor que nos evita la soledad y nos ayuda a caminar por este mundo de forma satisfactoria.
-La felicidad que nos proporciona la autorregulación y la armonía con nosotr@s mism@s y con l@s demás.

El Dia en Sudbury Valley:
Cualquiera que séa la hora del día, y cualquiera que séa su edad, los alumnos en la escuela estan todos haciendo lo que quieren hacer, con gran intensidad y concentración. Lo mas frecuente es que a  los alumnos no les preocupe si "el aprendizaje" está sucediendo. Haciendo lo que ellos elígen hacer es el tema común; aprender es el sub-producto.
La escuela hierve de actividad. Adultos y alumnos de todas las edades se mezclan libremente. Podemos encontrar gente en todos lados conversando, leyendo y jugando. A algunos de ellos podemos encontrarlos en el laboratorio de fotografía revelando o imprimiendo fotografías. Otros pueden estar en una clase de danza o construyendo un librero en el taller de carpintería. Casi siempre hay gente haciendo música de un tipo u otro, generalmente en varios lugares. Es posible que véas a alguien estudiando Francés, biologia, o álgebra. Gente puede estar en las computadoras, haciendo trabajo administrativo en la oficina, jugando ajedréz, ensayando una representación, o participando en juegos de papeles. Gente estará cambiando calcamonías y cambiando meriendas. Un grupo puede estar vendiendo pizza que hicieron para juntar dinero para un equipo nuevo. En el cuarto de arte, habrá gente dibujando; pueden también estar  cosiendo, o pintando, o trabajando con barro, en la rueda o a mano.
Siempre habrá gente jugando felízmente y ocupados, en el interior y al aire puro/en el exterior, en todas las estaciones y en todo clima. Siempre hay grupos conversando, y siempre hay individuos leyendo tranquilamente aquí y allá.

 
Citas de Ex-Alumnos:
"Estabamos tan ocupados,  escogíamos cosas difíciles que hacer la mayor parte del tiempo. Todo era siempre, 'Tienes que adelantar'. Nunca estaba yo "congelado". Todo era un reto." "La escuela era algo que yo esperaba día con día".
 "La mayor parte de lo que aprendes en Sudbury Valley es la vida. Aprendes como tratar con la gente y como lograr que se hagan las cosas y como organizar todo lo que estudias/aprendes. Parte de ello lo aprendes viendo a los adultos haciéndolo, o participando con los adultos. Pero la mayor parte de lo que aprendes, lo aprendes de los otros chicos, y tiene relacion con la vida -- como vives y como suceden las cosas. Nosotros lo aprendimos juntos. La mayor parte de ello viene de sentarse y conversar; te viene una idea y en cierta forma se desarrolla".
 "La escuela me dió el regalo del tiempo para permitir que mi propio interés salga a la superficie. Cuando te pones a pintar, tu no solo te pones a pintar. Tu tienes que pensar en lo que estás haciendo y porqué. Todo esfuerzo creativo, posiblemente todo esfuerzo en general, requiere gran cantidad de pensamiento, aún sencíllamente leer un libro. Tu no lées sencillamente un libro. Tu piensas en lo que lées. En otra forma lo estas haciendo por nada. La escuela nos dió el regalo del tiempo para relajarnos, para permitir a esas cosas que estaban ahí salir a la superficie; nos dió el tiempo para reflexionar, para la introspección que necesitas para realmente desarrollar tu creatividad".
 "Teníamos nuestro propio mundo. Éramos fuertes en nuestro propio mundo. Era un mundo de niños".
 "El ambiénte era una mezcla de todo. Podías andar por toda la escuela y encontrar a alguien horneándo pasteles, o discutiendo ardientemente, o hablando acerca de Hinduísmo, o haciendo modificaciones en el granero. Podías ia a sentarte al sol o podías ir a sentarte en el cuarto de costura".
 "La escuela me hizo autosuficiénte".
 "Yo créo que todo lo que tú haces ayuda a todo el resto que tú haces, porque si estas haciendo algo difícil, no es tan diferente que hacer otra cosa difícil. Puede requerir diferentes destrezas corporales, o posiblemente hábitos mentales diferentes, pero requiere el mismo tipo de concentración y requiere el mismo tipo de pensamiento".